Por que no sólo de vuelo vive el hombre... La salida del pasado puente de marzo comenzó con muy malas previsiones y terminó con la sensación de haber podido hacer un poco de todo. Actividades planteadas, ski y vuelo, aún que esto último iba a ser difícil por la intensidad de viento sur que nos amenazaba. Para mi, conocer las dos estaciones del valle, la propia Val Louron y Peyragudes, fue uno de los alicientes. La primera pequeña y familiar, tenía el defecto de la falta de nieve que los más madrugadores pudimos aprovechar y a su vez padecer el viernes. El sábado nos decidimos a probar con la estación más grande y acertamos sin duda. Aún que la nieve era de calidad "primavera" había suficiente para perderte y disfrutar. De las mejores sensaciones, a parte de la magnífica cena a base de pasta italiana cocinada por un verdadero experto, fue la de levantarse el domingo y ver que las ramas de los árboles se habían detenido por fin. Que la manga situada en lo alto del despegue se había relajado y que nos daba esperanzas de poder terminar con broche de oro el viaje. Ansiosos, cogimos los parapentes y subimos al despegue más alto (1630m). Tanto tiempo esperando que el viento amainase y en ese momento paró, pero paró del todo. David salió el primero con viento nulo y en contra los consejos de aquellos que le animaban a esperar rachas térmicas que estaban empezando a formarse. Él quería un vuelo tranquilo y tras los acontecimientos posteriores en los que la segunda tanda de gente casi nos quedamos sin volar, me parece ahora una buena decisión. Los que esperaron encontraron térmicas rotas que no llegaron sino para mantenerse un poco más de tiempo en el aire. Con ansias de probar mi primer vuelo desde la salida de Jerte, esperé al segundo turno tras recoger mi vela y a la gente en el aterrizaje. Y casi me quedo sin volar. Decidiendo que era mejor desde media altura que nada, unos 300 metros mas abajo, unos cuantos nos dimos prisa en bajar en coche y despegar... Fue una suerte, ya que poco después el viento nos achinchetaba en el cielo y en el aterrizaje nos hizo tomar tierra como si fuésemos en paracaídas. La vista desde el aire en este valle es un privilegio. Un lago donde la gente juega a tocar el agua con la vela, un castillito en un extremo, casi un kilómetro de campa... Sigue siendo uno de los mejores sitios en los que he aterrizado. Ahora solo falta esperar la siguiente oportunidad de repetir. Autora: Irene Add Comment |
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